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La muerte del mediano

19 julio, 2010

La ley d’Hont vigente en nuestro sistema electoral es una ley matematica que procura dotar a las minoría de mayor representatividad. Funciona con la división del numero de votos por una sucesión de números enteros hasta alcanzar el número de escaños a repartir por jurisdicción comparando cada cociente en una tabla y asignando el escaño al número mayor mantiniendo los no “premiados” su resultado para la siguiente comparación. Ejemplificado vendría a significar que el primer escaño se le otorgaría al partido más votado y el segundo a aquel partido cuyos votos superen a la división por dos de los del partido más votado y así sucesivamente. Para una explicación mayor pregunten en los comentarios.

Como consecuencia inmediata de esta ley puede entenderse, como ya dije, la mayor representatividad de las minorias, pero la lectura que yo quiero hacer hoy es la devaluación de los votos de los partidos de ambito nacional no mayoritarios. Me explico, según la ley D´Hont las minorías son minorías según las jurisdicciones, esto que significa que un partido minoritario como, por ejemplo el BNG con  menos de medio millón de votos puede acceder a tres de los escaños gallegos mientras que IU que reune entre todas las jurisdicciones casi un millón pero solo consigue hacerlo efectivo en igual número de escaños.

No quiero que interpreten en mi ejemplo ningún partidismo, no lo hay, este post persigue una observación objetiva. La conclusión que quiero  extraer es la siguiente: La ley D’Hont supone la muerte de los partidos medianos que ven mermada su representatividad en favor de los pequeños, garantizando de facto el bipartidismo. ¿Por qué garantizan el bipardismo? Porque los siguientes en el reparto, después de los mayoritarios PP y PSOE, son siempre los distintos partidos nacionalistas según la jurisdicción. Al ser en cierto sentido localistas o regionalistas, nunca formarán una fuerza homogénea aunque se pongan de acuerdo para ciertas cosas. De esta forma se diluye la posibilidad de una tercera fuerza política consolidada ya que, para haberla, tendría que ser tan grande como los mayoritarios o por lo menos como la segunda, como en su tiempo lo fue el PC.

A esto hay que añardirle que el número de escaños por jurisdicción varía, lo que en ciertos casos se traduce en la preponderancia de los votos de ciertas regiones sobre otras, lo que magnifica la fuerza de los representantes de sus partidos políticos nacionalistas al corresponderles al mismo tiempo que el mayor resparto de escaños ”el premio D’Hont”, esto explica el poder de los nacionalistas catalanes.

Yo me pregunto ante esta reflexión si no sería mejor un sistema donde la ley D’Hont eligiese el Senado y el Congreso se eligiese con el número total de votos excluyendo a aquellos que no obtengan un porcentaje razonable para entrar en el cómputo. Sería necesario eso sí un Senado útil, no como el que tenemos en la actualidad que actúa como cajón de sastre de viejas glorias políticas y un reparto de competencias entre ambos. De esa forma habría medianos a los que votar cuando las dos caras de la moneda no te convencen y me parece estupendo el ejemplo de la moneda porque a día de hoy los mayoritarios se comportan como partidos de derechas, derecha dura católica el PP y derecha moderada pseudoprogresista el PSOE.

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